La publicidad ya no solo consiste en esa pausa entre programa y programa de televisión, ni siquiera en las imágenes de los autobuses y marquesinas, ni en los carteles colgados de edificios públicos. Hoy invade Youtube o Instagram. Incluso, cualquier espacio susceptible de integrar anuncios es ocupado casi por entero. Los consumidores están sometidos a un torrente de sobreinformación que, con la irrupción de las redes sociales, se ha multiplicado exponencialmente, por lo que captar su atención se ha vuelto imperativo. Ante esta situación de saturación, algunos logran atraer el interés del público a través del marketing emocional.
Para llegar a este estado de “enamoramiento” hacia la marca en cuestión se necesitan de estrategias de comunicación muy humanizadas, transparentes y coherentes que propicien la identificación del público con los valores más humanos del producto. La vía más eficaz para ello es trabajar y desarrollar determinadas emociones para inspirar una u otra en función del mensaje que se quiera transmitir.
Para evocar según qué sentimientos, los expertos concretan los puntos a seguir:
Utilizando de manera correcta estas estrategias se consigue cubrir las necesidades del consumidor, aumentar su confianza y satisfacción y, sobre todo, reforzar el vínculo entre el mismo y la marca.
