La publicidad ya no solo consiste en esa pausa entre programa y programa de televisión, ni siquiera en las imágenes de los autobuses y marquesinas, ni en los carteles colgados de edificios públicos. Hoy invade Youtube o Instagram. Incluso, cualquier espacio susceptible de integrar anuncios es ocupado casi por entero. Los consumidores están sometidos a un torrente de sobreinformación que, con la irrupción de las redes sociales, se ha multiplicado exponencialmente, por lo que captar su atención se ha vuelto imperativo. Ante esta situación de saturación, algunos logran atraer el interés del público a través del marketing emocional.