LA ERA DEL ODIO
Vivimos en la era del odio. Nos encontramos en un periodo de exaltación, tanto a nivel político como social, que empieza a mermar seriamente el estado de ánimo de una sociedad aturdida que presencia una extraña obra de teatro que carece de planteamiento, nudo y desenlace, protagonizada por actores mediocres que tan solo son capaces de transmitir crispación, una crispación que llena completamente el escenario.
opinión, política, medios de comunicación
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LA ERA DEL ODIO

LA ERA DEL ODIO

Vivimos en la era del odio. Nos encontramos en un periodo de exaltación, tanto a nivel político como social, que empieza a mermar seriamente el estado de ánimo de una sociedad aturdida que presencia una extraña obra de teatro que carece de planteamiento, nudo y desenlace, protagonizada por actores mediocres que tan solo son capaces de transmitir crispación, una crispación que llena completamente el escenario.

El resultado de este bodrio comienza a ser preocupante: estamos perdiendo cualquier atisbo de empatía. Y los medios de comunicación, encargados de retransmitirlo, no hemos hecho más que recrudecer esta realidad, acelerarla y ampararla, convirtiéndonos en cómplices silenciosos. Y quedan poco más que unas migajas para tratar de restablecer un entendimiento que empieza a parecer imprescindible.

El análisis de esta situación debe ser profundo y sesudo. No lo encontrarás aquí. Pero espero que esto sirva para abrir un ojo, como esa primera alarma que interrumpimos para darnos la vuelta y seguir durmiendo. Cinco minutos más.

Faltan referentes. Cierto es que la sociedad ha establecido un nuevo prototipo de referente, ahora “influencer”, que, en general, no destaca por su conocimiento, sabiduría o experiencia; más bien por su superficialidad o su bilis.

La imagen del mundo está cada vez más edulcorada, nos preocupamos por enseñar a todos los que nos rodean lo felices y maravillosos que somos a la vez que vomitamos nuestra furia y nuestra rabia, dejando trazos de odio, sectarismo e intolerancia. Vivimos en un momento en el que, si bien tenemos todas las facilidades a nuestro alcance, nos acercamos a un abismo de involución social sobrecogedor cuyos únicos frutos serán el sufrimiento y la pérdida de conquistas sociales que costaron mucho esfuerzo conseguir.

No obstante, debemos realizar autocrítica, identificar qué hemos hecho mal y qué podemos hacer para tratar de reconducir la situación. Es necesario empoderar el papel de los medios. Sabemos perfectamente que debemos estar integrados en la realidad, donde las redes sociales, uno de esos focos de odio, empiezan a dejar de ser plataformas para convertirse en fuente. En ellas hay que estar, pero reivindicando el valor de la comunicación de calidad, contrastada, contada desde el análisis y no desde las entrañas.

Es el momento de abandonar la comunicación de bufanda, la del hooligan que defiende sus colores con una cerveza en la mano a altas horas de la madrugada. Es la hora de hacer un periodismo preciso, independiente, equitativo, imparcial y responsable. Debemos enfrentarnos a la maquinaria del odio y denunciarlo públicamente, estimulando la reprobación social procurando mostrar una mayor representatividad de la diversidad social.

Debemos despertar ya.

 

Luis Castaño, Consultor de Comunicación

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