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EL PODER DE LA VOZ
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EL PODER DE LA VOZ

EL PODER DE LA VOZ

Somos animales sociales, estamos diseñados biológicamente para pertenecer, depender y colaborar con el grupo y esto no sería posible sin una poderosa herramienta de comunicación: el lenguaje.

Intercambiar información nos permite enseñar y aprender de la experiencia ajena. Así vamos formando un corpus de ideas con los que intentar explicar y dominar el mundo que nos rodea y cómo debemos comportarnos en comunidad: la cultura.

Podría decirse, entonces, que la comunicación es la base de la civilización.

Pero una comunicación eficaz ha de cuidar tanto el qué se cuenta, la información, como el cómo se cuenta, la emoción, que es, a la postre, la que conforma el pleno significado. Y aquí es donde está presente el poder de la voz.

A pesar de que los seres humanos nos apoyamos esencialmente en la vista, recibiendo por este medio hasta un 80% de la información que manejamos, es también uno de los sentidos a los que más fácilmente podemos engañar. Esto lo saben bien los magos e ilusionistas capaces de dirigir nuestra atención hasta el punto de engañarnos: acaba de suceder delante de nuestros ojos y… ¡no hemos visto nada!

Por el contrario el oído es más perspicaz. Quizás, acostumbrado a un segundo puesto, está menos dispuesto a ser manejado. Es a través del oído, de la entonación en un discurso, por el que llega a nosotros la emoción.

Para quienes trabajamos con la voz la máxima es clara: los ojos mienten, el oído no. Quizá por eso resulta una comunicación más íntima, más cercana, que puede establecer un contacto emocional más directo.

En las últimas décadas todo parecía indicar que la imagen se había vuelto soberana en nuestra forma de comunicarnos: desde las primeras emisiones de televisión hasta plataformas como tik tok, es la fuerza de lo visual lo que domina nuestro entorno, todo nos entra por los ojos.

Por eso puede resultar sorprendente la forma arrolladora con la que los podcast han recuperado enteros y se convierten en una opción que cuenta cada vez con más seguidores, también entre las generaciones jóvenes. ¿La razón? Creo firmemente que gran parte de su éxito descansa en el poder de la voz, que conecta con nuestra parte menos racional, pero no menos sabia.

Nuestra voz es única, nos identifica como una huella dactilar, pero además revela nuestro estado de ánimo de forma certera ya que en parte está controlada por el sistema límbico, responsable de nuestra respuesta emocional. Voz y emoción surgen juntas.

Por eso, a través de la voz, se logra establecer una gran intimidad, porque habla de nosotros tanto o más que las palabras que elegimos. Mientras que el rostro y los gestos de nuestro interlocutor nos distraen de las señales emocionales, el oído permanece atento a múltiples matices que no filtramos con nuestros juicios.

El oído percibe en la entonación, además de ritmo, pausas, acento… señales emocionales que nos permiten comprender: no importa que no compartamos un mismo idioma porque las emociones son universales.

Nada calma tanto a un bebé como la voz de su madre y para nuestros antepasados fue incluso un elemento curativo. Hasta nuestras mascotas saben lo que queremos de ellas por nuestro tono de voz.

Además, el consumo de audios se establece en buena medida a través de auriculares, lo que potencia aún más todas estas características…

Total, que si, finalmente y contra todo pronóstico, el vídeo no fue capaz de matar a la estrella de la radio (“Video killed the Radio Star” de The Buggles)… tiembla YouTube: tus pies de barro están hechos de audio… y de silencio… pero esa es otra historia.

 

Sonia Avellaneda

Locutora de radio

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