Dame el tono
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Dame el tono

Dame el tono

Dame el tono, dicen los músicos. Un la, por ejemplo. Y a partir de ahí todo suena afinado (o no, porque también entre los músicos hay sordos funcionales). El tono es un elemento fundamental en cualquier comunicación. Da igual que sea una conversación a dos o un macroevento para miles de personas. Si no encuentras el tono adecuado no hay nada que hacer. Por eso resulta tan complicado hacerse entender por mensajes escritos, que si el WhatsApp, que si el correo electrónico; los emoticonos ayudan, claro, pero también se prestan a confusión. ¿Me lo está diciendo en serio o me toma el pelo? El recurso al malentendido es universal: me parece que ha tergiversado mis palabras, las ha sacado de contexto, yo sólo quería decir, etc. No importa lo elaborado que sea el discurso. Si el tono no queda claro, lo que hagamos o digamos se diluye, se extravía, se va a paseo.

Ha dicho el cineasta Borja Cobeaga (“Pagafantas”, “Ocho apellidos vascos”, “Superlópez”) que el guion está sobrevalorado, que a él le parecen más importantes el ritmo y el tono (su entrevista aquí). Qué razón tiene. Ni los chistes más agudos, ni los personajes mejor perfilados pueden funcionar si el tipo o la tipa que se pone a escribir (o a rodar) no consigue afinar, acertar con la vibración que quiere trasmitir a través de su historia. Servidor, que ni se acerca al talento narrativo de Cobeaga ni asume empeños de tanta envergadura, solo puede estar de acuerdo. Lo que sea, un vídeo, un anuncio, una cuña publicitaria, un programa de radio, un evento… no son nada si previamente no hemos definido el tono.

¿Cómo se hace eso? Dice Cobeaga que es asunto delicado, casi intangible, y vuelve a tener razón. Se me ocurre, sin embargo, que la clave estaría, no tanto en derrochar palabras o conceptos o chascarrillos, sino en prestar atención: a quién nos dirigimos y qué queremos comunicar. ¿Queremos ser directos, misteriosos, entrañables, infantiles…?¿Qué sabor de boca dejaremos?  ¿Aspiramos a ser entendidos, a confundir al respetable, a dejar con hambre o a colmar expectativas? Es solo el primer paso, porque ni siquiera este planeamiento previo garantiza el éxito. Pero algo habremos avanzando presintiendo cómo recibirá el espectador (uno nada más, una ilusoria media ponderada, porque no es posible ni aconsejable llegar y gustar a todo el mundo) eso tan importante que queremos contarle.

Luego está el asunto del ritmo. De eso ya hablaremos otro día.

Pachi Poncela, Director Creativo de Cronistar y de “La Radio es mía” en RPA

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