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ADAPTARSE O VIVIR
En la excelente película vasca Handía se registra una conversación que ha venido a mi memoria en estos primeros pasos de la llamada “nueva normalidad”. En torno a una mesa escasa, el personaje de Arzadun consuela a Martín, desgastado y abatido ante la falta de perspectivas en su negocio.
Empresa, COVID-19
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ADAPTARSE O VIVIR

CORPORATIVO

ADAPTARSE O VIVIR

En la excelente película vasca Handía se registra una conversación que ha venido a mi memoria en estos primeros pasos de la llamada “nueva normalidad”. En torno a una mesa escasa, el personaje de Arzadun consuela a Martín, desgastado y abatido ante la falta de perspectivas en su negocio.  Después de sugerirle alguna vaga alternativa, Arzadun trata de cerrar el tema con Martín animándole a que no se preocupe porque se adaptará, sentenciando “lo mejor que tiene el ser humano es su capacidad de adaptación”. A lo que éste responde en tono amargo; “pues yo pienso lo contrario… que eso es lo más miserable que tenemos”.

Siempre he pensado que a Martín no le faltaba un punto de razón y que, a lo mejor, lo que llamamos adaptación simplemente esconde grandes dosis de resignación y la renuncia a un pasado mejor. Estos días, a pesar del estrés y la preocupación diaria, la suerte ha querido que reparase en algo que, pese a todo, ha conseguido ilusionarme. No ha hecho que los problemas desaparezcan, pero al menos me ha permitido distanciarme de la nube oscura que envuelve al personaje de Martín.

Cada uno de nosotros hemos sufrido en nuestra empresa o trabajo los efectos de esta crisis. Unos más severamente que otros, pero a todos nos ha afectado.  En Cronistar, a la vez que analizábamos nuestra propia situación, el sentido de la responsabilidad -que llevamos instalado en el ADN todos los miembros del equipo- nos llevó a posicionarnos más cerca que nunca de nuestros clientes. Hasta ahí todo bien, pero para que la fórmula funcionase hacían falta dos ingredientes fundamentales.

Lo primero, la actitud de nuestros propios clientes. Hacemos comunicación, pero no milagros y, sin sus ganas de continuar, de repensar sus modelos, de luchar, al fin y al cabo, nada hubiéramos conseguido. He de reconocer que mis previsiones se quedaron cortas. No solo han luchado, y lo siguen haciendo, sino de qué manera tan estimulante. La adaptación no tiene que ser sólo sobrevivir, sino que se puede incluso eliminar el prefijo y centrarse en el verbo. Sí, también en estos días. Vivir conforme a los valores que nos hacen humanos.

En plena crisis del Covid-19 nuestro oficio nos ha llevado a comunicar acciones maravillosas de nuestros clientes, como por ejemplo que los fisioterapeutas (COFISPA) donaron material a los hospitales asturianos, al igual que hicieron los ingenieros informáticos (CITIPA-COIIPA) con la entrega de tablets.  A su vez, el organismo nacional que engloba a estos últimos, el CCII, ponía su conocimiento al servicio del Gobierno en la lucha digital contra la pandemia. Dentro de la rama informática destacamos también a SERESCO y como se ha volcado para que un servicio tan crítico como el de las nóminas -que gestionan para entidades con cientos de miles de trabajadores- garantice que las nuevas incertidumbres técnicas y administrativas que sufren las empresas no sean el obstáculo en la tramitación de los salarios a sus trabajadores.

El neurocirujano José María Torres dobló turnos para apoyar a sus colegas en la lucha contra el virus y hemos contado como las tintorerías de Asturias -injustamente tratadas- hicieron de la unión su mejor defensa y, en torno a ATLA, encontraron la fuerza para idear e impulsar un protocolo de higiene inédito que preserva la salud de los ciudadanos a través del tratamiento de sus prendas. Desde Las Caldas Villa Termal también aportaron su granito de arena, donando al Banco de Alimentos de Asturias productos para ayudar a familias asturianas.

Los economistas asturianos (CEA) saben que la llave de la recuperación está en las empresas y en ellas han puesto el foco, organizando cursos online sobre temas económico-legales de actualidad y que son una guía indispensable para la toma de decisiones. Por su parte, las numerosas iniciativas de la Universidad Complutense de Madrid, con la Facultad de Derecho participando en muchas de ellas, son un derroche de voluntad y conocimiento puesto al servicio de la sociedad española.  Al calor de tantas y tan buenas ideas no sobran los motivos para brindar; en nuestro caso con sidra DOP y de forma segura porque el Consejo Regulador puso en marcha una iniciativa pionera que ha llegado para quedarse. El culin de la nueva normalidad restallará igual de bien que lo hizo siempre, pero en un vaso personal destinado a cuidar de la salud de cada uno.

Estos son solo algunos ejemplos motivadores que revelan la actitud de nuestros clientes en tiempos de adaptación, pero más inspirador resulta aún el segundo de los motivos que me empuja al optimismo. Este lo encuentro en mi propia casa y se personaliza a través de los nombres de todos y cada uno de mis compañeros. Los grados de comprensión, madurez, compromiso y solidaridad que han demostrado en este tiempo son, sencillamente, conmovedores. Nos hemos escuchado y respetado. Hemos compartido que este golpe será menos duro asumido de forma solidaria y esto nos ha permitido optar por medidas de protección de grupo, frente a las revisiones individuales que han propiciado muchas empresas (medidas que son legítimas, pero que a nuestro juicio justifican muchas decisiones en las circunstancias accidentales de cada persona y eso nos parece injusto o, al menos, más egoísta).

No obstante, la aplicación de nuestra visión no hubiera sido posible sin la generosidad de cada uno de mis compañeras y compañeros, sin su decisión de elevar la mirada por encima de la pantalla de su ordenador y observar el bienestar de todos para anteponerlo al propio. Son buenos compañeros y, además, excelentes profesionales. Han percibido a sus clientes con empatía, analizando sus circunstancias excepcionales, para emprender luego un trabajo a la medida de lo que la situación exige para cada uno. Y lo hacen todo animados y convencidos. Nuestro equipo me parece hoy un oasis en el desierto. A su lado, y al lado de nuestros clientes, la travesía que nos anuncian es una ruta que apetece andar. Con estas alforjas, y estos compañeros de viaje, la adaptación que aborrece Martín se convierte en el camino emocionante de la vida.

 

Nacho Fernandez, CEO de Cronistar

 

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