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Los Periodistas y el Señor de los Cocos

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No son buenos tiempos para los periodistas. En las redes sociales hay dos muñecos del pim pam pum: los políticos y los que trabajan en los medios de comunicación.

Cuando no existían Facebook, Twitter, Instagram  o cualquier otro entramado de contacto colectivo, el ciudadano común no tenía acceso en todo el día a las noticias. Por la mañana leía la prensa para saber qué había pasado el día anterior y por la noche, la radio y la televisión le daban la última hora de lo ocurrido. Ni él tenía vocación de reportero, ni disponía de una forma fácil de protestar si había algo que no le gustaba. Estaban, eso sí, las cartas al director, una sección de la prensa más bien destinada a enfriar los ánimos de los lectores cabreados.

El ofendido debía remitir su carta de protesta al director y lo primero que figuraba en la misiva era, lógicamente, el encabezamiento que, por una ley no escrita, siempre arrancaba así: “Estimado señor Director …” Y, claro, si empiezas declarando estimado al responsable del medio que te ha causado un disgusto, cualquier discurso se atempera, ya que el ‘estimado’ encaja poco a nada con epítetos de esos que reparte el académico Arturo Pérez Reverte a diestro y siniestro.  De modo que, el agraviado protestaba, pero la ira inicial se le iba descafeinando y cuando la carta se publicaba, que solía ser estratégicamente unas semanas más tarde, el  descontento ya había relativizado la afrenta y la carta no hacía ya daño alguno, ni al medio, ni al redactor al que se le hacía el reproche, puesto que a esas alturas ya nadie se acordaba de cuál era el artículo que se ponía en solfa.

Pero llegaron las redes sociales y ese mismo ciudadano ha encontrado una forma estupenda de rebajar el estrés de todo un día de trabajo: llega a casa ya bastante enterado de lo que ha sucedido y conecta con sus amigos de Facebook o de Twitter. Rebusca los sucesos que más le han soliviantado y empieza a disparar. Hay que reconocer que los políticos son su diana preferida; eso sí, seguidos muy de cerca por los comunicadores.  Para él, periodista  no es sólo el informador o el articulista, sino cualquier persona, animal o cosa que diga algo en un medio de comunicación. Por ejemplo: un señor que colecciona postales y que un día ha participado en un concurso en el que se premia la resistencia comiendo cocos en una isla desierta es, para ese habitual de las redes sociales, tan periodista como Iñaki Gabilondo. Al señor de los cocos en ciertos programas se le pregunta por las cuestiones más variopintas: desde cómo le queda el bigote al novio de una actriz famosa,  hasta qué le parece la eutanasia. Y si esa tarde el señor de los cocos ha dicho una burrada, hay una frase que se repite como un eco en Facebook y Twitter: “Estos periodistas son carroña”. A Iñaki Gabilondo y compañía les apetecería en esos momentos ser protésicos dentales.

Ese lanzador de dardos,  ni distingue a un periodista de un showman, ni le apetece que le aclaren el concepto, porque para él, lo divertido de verdad, es soltar zurriagazos verbales sin detenerse a pensar si lo que está criticando es una noticia, un bulo, o un chiste; de tal modo que El Mundo Today, por ejemplo, tiene un gran éxito como vía de escape para el estrés de ese hombre o esa mujer a quienes no importa en absoluto que el tema en cuestión sea una información o una broma porque, lo realmente relevante, es que les vale para descargar mandoblazos y para irse luego a la cama con la satisfacción de haber cantado las cuarenta y haber arreglado el mundo.

La parte buena, que también la hay, es que todos podemos opinar sobre todo lo que sale en los medios de comunicación. Es la democratización de la información, algo que nos sirve para captar un verdadero retrato de nuestra sociedad; para saber qué es lo que gusta o lo que disgusta a la gran mayoría y eso, no cabe duda, a los profesionales nos ayuda a ofrecer las informaciones que más interesan; a responder a las preguntas que se hacen los ciudadanos y a corregir nuestros errores. Todo ello contribuye a hacernos mejores profesionales, así que – corrijo – en realidad, éstos también son buenos tiempos para los periodistas.

Georgina Fernández, Redactora de Noche Tras Noche (RTPA)

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